Por: Lupita Rojas
*Morelia Michoacán a 7 de septiembre de 2026.- La trayectoria de Edna Lizeth Aguilar Aguilar (47 años) está definida por una constante búsqueda de autenticidad, la superación de la adversidad y el valor irrenunciable de nombrar las cosas por su nombre. Su vida no se entiende sin la vivencia de ser una persona con diagnóstico de Trastorno Límite de la Personalidad (TLP): una condición que, lejos de definir un límite a sus capacidades, se ha convertido en el lente con el que abraza la intensidad del mundo, la empatía sin reservas y la urgencia de promover la salud mental sin estigmas.
Nacida en un entorno tradicional y bajo una educación rígida, marcada fuertemente por la figura de su padre dentro de la política mexicana, Edna mostró desde muy joven una personalidad desenvuelta y una clara inclinación por las artes escénicas. A pesar de los límites socioculturales de la época que frenaron inicialmente sus aspiraciones en la danza y el teatro, su espíritu rebelde la llevó a recorrer distintos espacios formativos hasta encontrar su propio camino de realización personal y profesional.
Con una vocación orientada al desarrollo humano, se certificó como coach de vida bajo la enseñanza de John Hanley. Durante una década, ejerció esta profesión con un alto nivel de entrega, viajando e impactando vidas a nivel internacional. Este trayecto la llevó a radicarse durante 15 años en Colombia (2003-2025), país que la acogió y donde desempeñó un trabajo de acompañamiento emocional y resignificación del dolor con víctimas del conflicto armado y trabajadores de diversos sectores. La vivencia propia con el TLP y el acompañamiento terapéutico constante reafirmaron en ella una convicción absoluta: la salud mental y la expresión verbal son herramientas fundamentales e insustituibles para la sanación.
Su faceta como madre ha sido el motor fundamental de su vida y un pilar de aprendizaje continuo. Enfrentando los retos de diagnosticar y acompañar la leukomalacia periventricular de su hijo Matías, en conjunto con sus padres y su hijo Adam, se han convertido en defensores incansables de la inclusión activa.
Su vinculación con el ámbito deportivo rescata además sus propias raíces atletas: en 1997 fue medallista en gimnasia rítmica y aeróbics, formándose durante un año en la CONADE (Villas Tlalpan). Esta vivencia le otorgó un conocimiento de primera mano sobre las carencias, la disciplina y las necesidades reales del atleta en México.
Recientemente, su encuentro con la comunidad deportiva en el IMCUFIDE y el seguimiento del equipo de atletas paralímpicos —quienes representan a Michoacán en competencias nacionales— despertaron en ella una nueva misión: visibilizar las historias de superación de estos deportistas y sus familias.
Hoy en día, Edna integra su experiencia cinematográfica y narrativa con su pasión por el deporte adaptado. Mediante iniciativas independientes, busca visibilizar e impulsar el talento de atletas con discapacidad y generar espacios de apoyo integral (emocional y físico) tanto para los deportistas como para sus entrenadores y familias. Este año debuta junto con su hijo Matías en la selección estatal de Paranatación de Michoacán: él como deportista y ella como auxiliar técnica.
Edna nos deja un contundente mensaje:
«El ejercicio y la actividad física son el canal principal de terapia y equilibrio emocional. Es indispensable verbalizar las emociones para evitar que el cuerpo manifieste el dolor acumulado. Mi misión es que la unión entre familias y comunidades genere cambios reales sin perder jamás la dignidad ni el propósito.»
